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¿CUÁL ES TU PASIÓN?

Cuando estaba enferma leí un libro excelente que se llama El elemento, de Ken Robinson. Sir Ken Robinson es un experto mundial en el desarrollo del potencial humano. Si no lo concocés, vale la pena googlearlo y escucharlo. Él dice: “Descubrir tu pasión lo cambia todo. Todos nacemos con extraordinarias capacidades de imaginación e intuición. Cuando disfrutamos haciendo aquello que más nos apasiona, el tiempo transcurre de manera distinta y desarrollamos toda nuestra creatividad. Nos sumergimos en el Elemento, el lugar donde hacemos aquello que realmente queremos hacer y donde somos quienes siempre hemos querido ser. Estar en nuestro Elemento en cualquier momento de nuestra vida puede transformar la imagen que tenemos de nosotros mismos”.

Con la adversidad me puse creativa y me sumergí en mi Elemento. Salir de esa zona de queja, de víctima, de autocompasión y pensamientos negativos es fundamental para descubrir el tuyo. Tal vez lo tuyo sea pintar, cantar, hacer casas, enseñar aritmética, cuidar tus plantas, lo que sea, pero seguro que lo tenés. Aunque te parezca raro lo que te digo, si estás teniendo problemas de salud, tal vez sea el mejor momento para indagar dentro tuyo, para hurgar en tus sueños pasados, en eso que te encantaba hacer cuando eras niña. O tal vez te descubrís deseando algo inédito para vos. Estar enferma me hizo romper con mi rutina. A vos te puede pasar lo mismo y es allí donde podés empezar a encontrar las oportunidades. No dejes de estar atenta a todas las señales. Nunca imaginé que iba a escribir un libro sobre vida saludable. Un libro sobre las propiedades de los alimentos, la importancia de la alimentación consciente y técnicas antiestrés. ¡Este libro! Nunca, nunca, nunca lo imaginé.

Siempre pensé que lo mío era hacer reír a la gente, divertirlos con mis desventuras, con mis ridiculeces, cantar, bailar. Para eso me formé cuando era jovencita. Y un día me enfermé, entre otras cosas, porque no había logrado hacer eso que pensaba que era lo que quería hacer en esta vida y no encontraba la manera de estar en mi Elemento con mi chispa Divina, creando, irradiando toda la luz que me dieron para dar. Pero mi fuerza interior, mi creatividad, me empujó a hacer a pesar de todo y ese hacer fue escribir para sanar. Hoy sentada a mi mesa de trabajo, rodeada de libros, me encuentro haciendo algo que no fue lo que había planeado. Sin embargo, ahora recuerdo que lo que soñé alguna vez cuando era muy joven, cuando estaba tratando de saber qué quería hacer en esta vida, fue transmitir mi búsqueda interior. Siempre me interesaron las personas y sus comportamientos. Siempre quise contar. Siempre quise comunicar. Y eso es lo que estoy haciendo ahora aunque de otra forma de la que me había imaginado. Y esta nueva forma es la que de verdad me enciende. Como me dijo un día Oscar, “vos tenías que hacer de vos misma, no hacer de otros”. Para hacer lo que hago ahora, desde que soy adolescente hice terapia de todos los colores y modelos. Para hacer lo que hago ahora me sirvió mucho haber ido a la universidad a estudiar traductorado de inglés, leer muchos libros. No me recibí porque la actriz necesitaba más atención que la traductora y después de tres años de estudiar abandoné. Hoy un poco lo lamento porque me gustaría tener ese título. Me encantaría poder poner en mi biografía que soy traductora. De todos modos, el estudio me sirvió más de lo que yo pensaba. Muchos de los libros que tengo arriba de la mesa son en inglés. Y como dice K. Robinson la vida no es lineal, es dinámica y cíclica, y tenemos múltiples oportunidades para crecer y desarrollarnos de nuevo, así como para revitalizar capacidades latentes.

Me emociona ver cómo se arma el rompecabezas de mi vida. Como todo lo que hice, todo lo que estudié, todo lo que sufrí, sirvió para estar haciendo lo que tan feliz me hace ahora. Todavía atesoro un regalo que me hizo mi papá cuando estaba en la facultad. Volvió de un viaje a los Estados Unidos con un enorme diccionario, creo que el más grande que existe. Imaginate que tuvo que comprar un carrito para traerlo de lo pesado que era. Me acuerdo en el aeropuerto cuando se apareció con el carrito y mi diccionario. También me trajo un portafolio rojo y una lapicera del mismo color haciendo juego, que pensé que nunca más iba a usar. Ahora me es muy útil para transportar mis escritos y mis libros. ¡Y me pone tan feliz que el esfuerzo que hicieron mis padres por mí haya dado tan buenos resultados! Me sentía culpable por eso en algún lugar escondido que no podía ni nombrar. Como explica Robinson, se habla mucho de una “segunda mediana edad”. Antes se pensaba que entre los treinta y cinco y los cincuenta años se estaba cerca de la jubilación y la muerte. Hoy en día esto cambió. Pensar que cuando tenemos treinta años tenemos que haber cumplido nuestros mayores sueños pasó de moda. Por supuesto que pensar que a los cincuenta voy ser la bailarina que soñé a los veinte es absurdo, pero con mi realidad había y hay mucho para hacer. Y me puse a trabajar. En mi búsqueda encontré mentores, como Santiago Kovadloff o mi terapueta Daniel que estaban convencidos de lo que yo tenía que hacer. Y los escuché. Todos tenemos mentores. Personas que nos empujan, que nos dan confianza, que nos dan ideas y nos abren la cabeza.

 

Todos vinimos a este mundo con esa chispa Divina, con creatividad, con fuerza, con el “Elemento”. Pero algo nos pasó que nos hizo creer lo contrario. Vos sos quien puede cambiar tu manera de pensar, tu

manera de leer los hechos. Buscá en tu interior. Una gran herramienta es la meditación. En el silencio interior, cuando te conectes con tu Yo Superior, vas a encontrar respuestas, vas a permitir que tu creatividad empiece a fluir sin prejuicios. Permití que sucedan esos silencios de la mente que te conectan con tu verdadera esencia en donde está toda tu creatividad. El exceso de actividad mental no nos deja ser. Conectate con el momento presente, hacé silencio y percibí. 

 

Decidite a buscar ahora adentro tuyo todo eso con lo que viniste a este mundo para ser feliz y para hacer feliz a los demás. Como Alicia, no dejes de ir a tu país de las maravillas.

 

Pase lo que pase hay que seguir buscando.

Pase lo que pase hay que seguir soñando.

Pase lo que pase hay que seguir deseando.

Pase lo que pase hay que seguir cambiando.

Pase lo que pase hay que seguir confiando.

Pase lo que pase hay que seguir apostando.

Pase lo que pase hay que seguir creando.

 

Y como dijo Wayne Dyer: “La gente siempre le echa la culpa a sus circunstancias por lo que ellos son. Yo no creo en las circunstancias. Las personas a las que les va bien en la vida son aquellas que van en busca de las circunstancias que quieren y si no las encuentran, las crean”.