¿A QUIÉN TENÉS QUE PERDONAR?

Enfermar también me dio la oportunidad de perdonar y perdonarme. Pude perdonar a aquellos que sentí me habían causado algún daño, pero fundamentalmente me perdoné a mí misma. Temer por mi vida hizo que la valorara como nunca antes lo había hecho. Tantas veces me sentí enojada, frustrada o amargada y dije, “me quiero morir”. Esas frases hechas que repetimos sin detenernos a pensar en lo que estamos diciendo. Ahora soy muy cuidadosa con mis palabras. Ya sé que mi cuerpo escucha todo. Practico la impecabilidad de las palabras como dice el doctor Miguel Ruiz en su libro Los Cuatro Acuerdos. Me hice tanto daño por la falta de aprobación del otro. ¡Qué locura! Y todo porque mi falta de aprobación hacia mí misma era enorme. Me trataba muy duramente. No me aceptaba tal cual soy. Finalmente esa falta de perdón y de amor para conmigo llegó a mis células, y entonces comprendí profundamente que era momento de cambiar la manera de pensar y de tratarme. Louise Hay dice que soltar el resentimiento y perdonar puede sanar incluso el cáncer. Yo estoy absolutamente de acuerdo con ella.

El pasado pasó y terminó. No podemos cambiarlo. Pero sí podemos cambiar nuestra actitud hacia el pasado, nuestros pensamientos sobre el pasado. Es absurdo castigarnos en el presente

por lo que pasó en el pasado. Mejor disolver el resentimiento ahora antes de que sea tarde para tu cuerpo, antes de que estés en pánico por una enfermedad grave como me pasó a mí. Perdonar te hace sentir liviano. Si no perdonamos, no tenemos paz. Si no perdonamos, nuestras células tampoco tienen paz. Si nuestras células no tienen paz, nos enfermamos. Para lograr perdonarte el primer paso es tomar la decisión de querer hacerlo. Tenés que pensar en que todo aquel que te haya lastimado lo hizo porque ese era su nivel de consciencia en ese momento y es lo que aprendió a su vez de otro que también lo lastimó. Con esto te invito a que pienses en los seres que estás educando ahora o vas a educar en un futuro. Para poder perdonarnos tenemos que dejar de pensar en lo que podríamos haber hecho de tal o cual manera. Lo que hicimos lo hicimos. Fue lo mejor que pudimos hacer en ese momento. El cambio, el desafío, es de ahora para adelante. Hasta que no nos aceptemos tal cual somos y nos amemos incondicionalmente no tendremos la paz necesaria. Para poder perdonarnos nos tenemos que amar y respetar. No podemos esperar a tener ese amor que soñamos para amarnos a nosotros mismos, ni el trabajo perfecto, ni esa vida que deseamos. Nos tenemos que amar ahora con lo que hay y con lo que falta. Si así lo hacemos el universo se encargará de todo el resto. En eso creo yo. Mirate al espejo, date un gran abrazo, date besitos, muchos, muchos y hacé las paces con vos y con tu vida. Es la que tenés ahora. ¡Y es muy valiosa! Cuidarla depende de vos. Estas afirmaciones de Louise Hay me sirvieron mucho. Es ideal hacerlas mirándote al espejo y con una gran sonrisa muchas veces al día:

 

ME AMO Y ME ACEPTO TAL CUAL SOY.

PERDONO A TODOS LOS QUE ALGUNA VEZ ME LASTIMARON.

ME PERDONO POR LASTIMAR A OTROS.

ME PERDONO POR CULPARME Y CASTIGARME.

PERDONO A MIS PADRES POR SUS MIEDOS Y SUS LIMITACIONES.

SOY PERDONADA Y SOY LIBRE.

El monje budista Matthieu Ricard dice: “Querer revancha por algo que hizo otra persona es arruinar tu propia felicidad, porque no quieres ser como tus enemigos. Es mejor perdonar y reducir el sufrimiento. Claro que perdonar no quiere decir no importa; significa decir ‘paremos con el odio’, porque el odio es una enfermedad de la mente”.